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Terra
La Coctelera

Otra brillante actuación policial

Digo "otra" y no "una" porque, aunque sea la primera que cuento en este blog, no es ni mucho menos la primera gloriosa intervención que veo realizar a la abnegada (tal vez sobre el prefijo) Policía Municipal de la población donde vivo.

 

Resulta que ayer sábado a primerísima hora de la mañana (O última hora de la noche, depende de cómo se mire) fuimos a coger el coche de mi amiga Nina, y lo encontramos golpeado en la parte delantera del lateral derecho, junto al foco. Estaba bien aparcado y era obvio que le habían chocado perpendicularmente, así que todo señalaba al hangar de carga de un supermercado situado justo enfrente: Algún camión habría salido del hangar con el espacio justo para girar en la estrecha calle y se habría llevado por delante el coche de mi amiga. Que por cierto esta niña tiene el gafe con los coches, el de ayer ya era un coche de sustitución del suyo, en el taller desde hace tres semanas por otro accidente. Pero eso sería otra historia, centrémonos en el asunto. Mi amiga, cagándose en su perra suerte con los coches, llamó a la Policía Municipal.

 

La patrulla tardó bien poco en llegar, mucho menos de lo que esperábamos, pero esa agradable sorpresa desapareció en cuanto bajaron los dos agentes, ambos más próximos a los sesenta que a los cincuenta y provistos de sendas caras de bulldog que nos miraban con más asco que otra cosa. Ya sabíamos que no había pruebas ni testigos y no podíamos acusar a nadie del accidente, por lo que su intervención debía limitarse a rellenar el atestado para el seguro. Pues ni eso. Que si no había heridos no intervenían, y si no había "parte contraria" a la que denunciar no hacían atestado. Perdonen Ustedes, pero no: Ustedes deben reflejar su intervención en un atestado en el que detallen el estado en que ha quedado el vehículo. Eso es lo que el seguro pedirá para hacerse cargo del arreglo. Que no, que sin heridos no podían hacer nada. Como insistiéramos, nos dijeron que si teníamos algún problema con el seguro les dijéramos que "la unidad sierra doscientos uno" lo había visto todo. Todo de boquita, sin papel ninguno, dándonos un indicativo que puede ser o no el suyo. Antes de que pudiéramos reaccionar subieron en su coche patrulla y se fueron. Nos quedamos boquiabiertas porque, precisamente por la pertinaz mala suerte de Nina con los coches, no es la primera vez que nos vemos en una de éstas y sabemos de sobra que sin atestado policial no hay prueba de nada y el seguro se escaquea de pagar.

 

Recordé que tengo en la agenda de mi móvil el teléfono de un policía municipal de otra población cercana, con el que hace años estuve que si sí que si no. Aunque al final fue que no, quedamos como amigos y de vez en cuando nos vamos de cañas. Esperamos en una cafetería próxima que se hiciera una hora más prudencial, y le llamé. Me dijo que lo correcto es que los agentes hubieran hecho atestado, pero que si se negaban a hacerlo no podíamos hacer nada. Eso sí, se comprometió a que si el seguro nos ponía pegas el atestado nos lo hacía él como si el accidente hubiera ocurrido en su pueblo y no donde ocurrió.

 

En suma, se ofrecía a cometer una ilegalidad para tapar la primera ilegalidad. Ni un pam de net (Literalmente, ni un palmo limpio) dice un viejo adagio catalán con el que no puedo estar más de acuerdo.

Ten amigas para esto

Para tocar las narices, vamos, porque para otra cosa no sé yo.

 

 

Vienes a buscarme con la bici, aunque sabes de sobra que yo no tengo bici, que la tuya no cabe en mi coche, que no quieres dejarla en la calle por si la roban, y que por tanto no nos va a quedar más remedio que irnos las dos literalmente a paseo, caminando con la bici de la mano como auténticas gilipollas.

 

Y en tan agradable paseo estamos cuando me llamas tonta, loca, cornuda y puta, todo así del tirón.

 

Coño, bien sé yo lo mierdosa que es mi vida. Mi trabajo aunque bien pagado me provocará úlcera de estómago. Mi padre ausente y despreocupado se escaquea de su familia, prefiriendo estar en cualquier sitio antes que con nosotros. Mi madre es una perturbada a la que deberíamos poner en tratamiento psiquiátrico, aunque no nos atrevemos, y para guinda del pastel mi amante, porque eso y no otra cosa es, aunque yo prefiera llamarle novio, es un cabrón caradura, cruel y aprovechado. Qué crees tú que me vas a contar que yo no sepa. Siempre he sido muy consciente de toda la mierda que tengo alrededor, aunque no pueda evitarla ni cambiarla.

 

Me parece que no estás para darme lecciones, que tampoco tu vida es un lecho de rosas. A ti te toca lidiar con los hijos de tu novio divorciado, verdaderos Mihuras.

 

Hablamos largo y tendido de la vida, de los recuerdos compartidos en las monjas, cada vez más confusos y lejanos, y claro, de nuestra realidad actual, nuestras parejas y situaciones. Estás pletórica, y al fin, después de mucho circunloquio, me dices de una vez lo que desde el principio querías decirme, que el susodicho va a dejar pronto de ser novio para convertirse en marido. Que con tu boda, ya próxima, porque vais bien deprisa (¿Estás embarazada? ¿No? No sé no sé...) seré la última de todo el grupo que quede soltera, la última y la única, diría yo, porque lo mío va para largo.

 

Crees que me das envidia, ¿verdad? No. En serio, me alegro por ti porque sé que es lo que tú querías, peor envidia no me das ninguna, no me puso Dios en este mundo para ser esposa y madre, bien claro lo tengo desde hace años. De más jovencita sí quería ser como todas, como las demás, y me preguntaba angustiada por qué coño era yo tan distinta a vosotras, qué tendría que hacer para volverme "normal". Ahora ya no. Ahora, simplemente, disfruto de cómo soy, en lo bueno y en lo malo. Meto hasta el fondo la cucharilla en el bote sin etiquetar de mermelada, y rezo para que sea dulce, pero si es amarga, la trago igual, me deleito igual con su sabor.

 

Déjame hacerte una foto, y publicarla, para que todos te vean radiante y feliz en tu nueva condición de prometida. Déjame ser la primera en felicitarte por ello. Pero déjame también decirte, sin maldad ni cinismo, que no te arriendo la ganancia.

 

Mama llama

Anoche, ya tarde, me llamó mi madre.

 

Desde su casita junto al mar, desde el refugio donde se esconde del mundo. Ese mundo que tanto le desagrada, que tan poco comprende ni quiere comprender.

 

Me llama tarde, justo antes de acostarse, porque presupone que trasnocho, que me levanto tarde, que llevo una vida informal y desordenada, que no me sé cuidar. Para ella sigo siendo esa pobre niña descarriada que algún día sentará la cabeza y volverá al redil, a la recta vía, a la senda de la verdad absoluta, o sea, la suya. Porque para mi madre solo es verdad lo que ella cree verdadero, y todo lo demás es mentira. En su mente enferma la realidad no es lo que ocurre fuera de su casa, sino lo que ella tiene dentro de su cabeza. Ella decide primero cómo deben ser las cosas, y luego adapta y tergiversa las realidades inconvenientes hasta hacerlas coincidir con lo que había pensado. Tantísimos años viviendo en su mundo ideal, no sabéis lo que me costó adaptarme al verdadero cuando por fin escapé de allí.

 

Me llama mi madre, y no me pregunta cómo estoy, que ya ha decidido ella antes de llamarme que estoy mal, claro, cómo voy a estar si no sigo sus normas, pues fatal. Me pregunta lo que he comido porque supone que no me sé preparar la comida. Me pregunta si tengo ropa limpia. Pues claro, mamá, claro que tengo. Después de cuatro meses sin verte estaría jodida si no me hubiera lavado la ropa alguna vez. Me cansa, lo reconozco, saber que todo es inútil, que la próxima vez que llame me va a preguntar exactamente lo mismo. Todas sus obsesiones proyectadas sobre mí. Porque ella lleva una vida de ficus. Come, duerme, se levanta y vuelve a comer.

 

No me pregunta lo que hago ni a quien veo ni si salgo con alguien. No le interesa. Para qué. Cualquier cosa que haga será seguro una tontería y cualquier persona a quien vea, una mala influencia. Salir con alguien, mantener relaciones con alguien, sea novio, amante o follamigo, es algo inconcebible que ni le entra en la cabeza. No, su hija no puede hacer eso, claro que no. Que aunque rebelde y alocada está muy bien educadita, que fue a colegio de monjas. No sabe, perdón, no quiere saber las cosas sucias, placenteras y terribles que me enseñaron algunas de aquellas monjas.

 

La conversación es muy corta, ella no tiene nada que contar más que lo agradable del clima y lo a gusto que está allí junto al mar aislada del mundanal ruido, y como de las cosas importantes de mi vida no quiere saber nada y las que quiere saber no dan para explayarse mucho, pronto nos quedamos sin tema de conversación.

 

Siempre que hablo con mi madre quedo frustrada y agobiada. Tengo la certeza de que entre nosotras hay una incomunicación total y una incomprensión absoluta. No soy ni he sido nunca capaz de hacerle entender lo que quiero y lo que pienso, como ella no ha sido nunca capaz de hacer de mí la mujer que quería que fuera.

 

Tanto desencuentro da bastante pena, la verdad.

En noches como la de anoche

En noches como la de anoche me siento extraña.

 

Sé que ya son muchas las madrugadas que llevo despertándome a tu lado, y que seguramente debería ya estar acostumbrada, pero ya ves,  no lo estoy. Como no estoy aún acostumbrada a la intimidad contigo. Como aún me azora que me mires, aunque te haya permitido tantas veces desnudarme por completo, aunque ya hayas explorado todas mis cavidades, y palpado, acariciado y lamido las más recónditas zonas de mi anatomía.

 

No me malinterpretes, que me encanta dormir contigo. Me hace feliz que tu rostro sea lo primero que ven mis ojos por la mañana. Pero me siento extraña, ya ves. Será que me hace sentir incómoda saber que no estoy en mi casa ni en mi cama, que esto que tenemos nunca será del todo mío, que tan solo es un refugio prestado en el que compartir unas horas robadas. Será eso, sí.

 

Será que no soy lo más importante de tu vida y dudo que llegue a serlo.

 

Será que ya no me creo tus promesas. Que me parece que nunca las he creído, ni siquiera la primera vez que me las hiciste con tanta convicción como falsedad.

 

Estoy enamorada de ti, no puedo evitarlo. Eso lo sabes.

 

Tú no estás enamorado de mí, tampoco eso puedo evitarlo, y también lo sé con total seguridad.

 

Dicen algunas que solo soy tu juguete, tu distracción, una aventura, nada.

 

Qué saben ellas.

 

Incluso aunque tengan razón, que ya sé que casi seguro que la tienen, no saben lo que siento cuando estoy a tu lado, ni imaginan las sensaciones que me provocas cuando me besas o me acaricias, cuando como anoche hacemos el amor en el sofá, y luego me llevas en brazos a la cama y allí me haces de nuevo el amor, hasta dejarme rendida, exhausta, sudorosa y satisfecha.

 

No, no me engaño. Me despierto y tú ya te estás vistiendo, apresuradamente como siempre. Porque no es tu casa y no es tu cama, y yo no soy tu mujer. Porque son horas robadas en un refugio prestado, no una noche compartida en nuestro hogar, ese hogar que ya sé que nunca tendremos.

 

Te quiero. Alocadamente, indecentemente, salvajemente. No puedo evitarlo.

 

Pero sé que no eres mío, que nunca lo serás, que ni tan siquiera querrías serlo.

 

Por eso en noches como la de anoche me siento extraña. Feliz, pero extraña.

Fotos, telefonazos y cabreos

Tras publicar ayer mi foto, esa foto horrible que tanto morbo (Sí, morbo, ¿qué pasa?) me dio publicar, he recibido tres llamadas telefónicas de presuntas y bienpensantes amigas tratándome de loca para arriba.

Pues no, señoras, no voy a retirar la dichosa foto, caramba!

Todo lo más, para compensar, publicaré esta otra, unos días posterior, en que salgo con lentillas, como suelo ir habitualmente, y arregladita y tal (Todo lo que una puede arreglarse, claro, que tampoco es mucho) solo para que los teóricos lectores de este blog (¿De verdad me lee alguien?) no piensen que estoy algo emparentada con el Yeti.

De todas formas, la llamada que más me ha cabreado recibir esta tarde no ha sido ninguna de esas, ni tenía nada que ver con la foto de marras ni con este incipiente blog. No. Me ha llamado una prima segunda, vecina del pueblo de donde es oriunda mi familia, en lo más profundo de la meseta, a decirme que el próximo fin de semana, que son fiestas, organizarán una cena de todas las mozas que llevamos años y años yendo juntas a fiesta, y que lo pagará el ayuntamiento, y se hará una sesión fotográfica para un libro de recuerdo, y tal y cual pascual.

Veintinueve años, veintinueve, sin faltar ni uno a esas puñeteras fiestas y sin que hicieran nada. Y justo éste año, justo éste que no puedo ir por temas de trabajo, se les ocurre organizar la movida. Anda y que se vayan a pastar, que bien de prados hay por allí, cooooño. Estoy con un cabreo del quince!!!

Es lo que hay

Cuando la gente cuelga fotos propias en sus respectivos blogs eligen las mejores, las que más les favorecen.

Lógico. Pero la lógica no es lo mío.

Yo en cambio aquí insome pasando algunas fotos de la cámara digital al disco duro me encuentro con ésta que me hizo Marisela hace exactamente dos fines de semana.

Hacía un calor mortal, una humedad sofocante, llevábamos horas paseando bajo el sol de media tarde, y yo solo quería ducharme en granizado de limón.

Además se me habían olvidado las lentillas en casa de mi padre y tuve que ponerme las horrorosas gafas de repuesto que aún tenía en casa de mi madre, esas gafotas que tanto y tan profundamente odié en mi perdida y lejana adolescencia.

En suma y en resumen, estoy horrible.

Por eso seguramente no puedo resistir la tentación de publicarla.

Chicas, chicos y especies intermedias: ESTO ES LO QUE HAY

Algunas realidades incómodas (1)

Cada día 10 hombres se reúnen en un bar para charlar y beber cerveza. La cuenta total de los diez es de 100€.

Acuerdan pagarla de la manera proporcional, con lo que la cosa quedaríaí, según los ingresos de cada uno:

Los primeros 4 hombres (los más pobres) no pagan nada.

El 5º paga 1€.

El 6º paga 3€.

El 7º paga 7€.

El 8º paga 12€.

El 9º paga 18€.

El 10º (el más rico) paga 59€.

A partir de entonces, se divertían y mantenían este acuerdo entre ellos, hasta que, un día, el dueño del bar les metió en un problema: "Ya que ustedes son tan buenos clientes," les dijo, "Les voy a reducir el costo de sus cervezas diarias en 20€. Los tragos desde ahora costarán 80€."

El grupo, sin embargo, planteó seguir pagando la cuenta en la misma proporción que lo hacían antes.

Los cuatro primeros siguieron bebiendo gratis; la rebaja no les afectaba en absoluto.

Pero qué pasaba con los otros seis bebedores, los que realmente abonaban la cuenta? ¿Cómo debían repartir los 20€ de rebaja de manera que cada uno recibiese una porción justa?

Calcularon que los 20€ divididos en 6 eran 3,33€, pero, si restaban eso de la porción de cada uno, entonces el 5º y 6º hombre estarían cobrando por beber, ya que el 5º pagaba antes 1€ y el 6º 3€. El barman sugirió que sería justo reducir la cuenta de cada uno por, aproximadamente, la misma proporción, y procedió a calcular la cantidad que cada uno debería pagar.

El 5º bebedor, lo mismo que los cuatro primeros, no pagaría nada: (100% de ahorro).

El 6º pagaría ahora 2€ en lugar de 3€: ( ahorro 33%)

El 7º pagaría 5€ en lugar de 7€: ( ahorro 28%).

El 8º pagaría 9€ en lugar de 12€: ( ahorro 25%).

El 9º pagaría 14€ en lugar de 18€: ( ahorro 22%).

El 10º pagaría 49€ en lugar de 59€:( ahorro 16%).

Cada uno de los seis pagadores estaba ahora en mejor situación que antes : los primeros cuatro bebedores seguían bebiendo gratis y un quinto también.

Pero, una vez fuera del bar, comenzaron a comparar lo que estaban ahorrando.

"Yo sólo recibí un euro de los 20€ ahorrados," dijo el 6º hombre: señaló al 10º bebedor diciendo "Pero él recibió 10!"

"Sí, es correcto," dijo el 5º hombre. "Yo también sólo ahorré 1€; es injusto que él reciba diez veces más que yo."

"Verdad!!" , exclamó el 7º hombre. "¿Por qué recibe él 10€ de rebaja cuando yo recibo sólo 2? Los ricos siempre reciben los mayores beneficios!"

"Un momento!", gritaron los cuatro primeros al mismo tiempo. "Nosotros no hemos recibido nada de nada. El sistema explota a los pobres!"

Los nueve hombres rodearon al 10º y le dieron una paliza.

La noche siguiente el 10º hombre no acudió a beber, de modo que los nueve se sentaron y bebieron sus cervezas sin él. Pero a la hora de pagar la cuenta descubrieron algo inquietante:

Entre todos ellos no juntaban el dinero para pagar ni siquiera LA MITAD de la cuenta...